A los Socialistas de Todos los Partidos [The Bitcoin Times]

Introducción a The Bitcoin Times: Edición Austriaca

Por Parker Lewis

Lo más difícil de entender sobre bitcoin en realidad tiene muy poco que ver con bitcoin. Tiene que ver con el dinero. Bitcoin es difícil de entender porque el dinero es difícil de entender, y muy poca gente se ha cuestionado alguna vez el dinero a un nivel fundamental; qué es, por qué existe o cómo evaluar un medio en relación con otro. Cada suposición o modelo económico se basa en la existencia del dinero como algo evidente; es una suposición que se da por sentada y que luego sirve de base para hacer todos los demás cálculos económicos. Al menos en el mundo desarrollado, el dinero siempre ha existido y, en su mayor parte, ha funcionado. Sin embargo, muy pocos se han planteado conscientemente por qué el dólar que llevan en el bolsillo o el depósito que tienen en su cuenta bancaria es aceptado por cientos de millones de personas a cambio de un valor en el mundo real. La gente aprende economía o finanzas en la escuela, pero no sobre el dinero. Puede que sea la herramienta y la innovación más importante jamás desarrollada por el hombre, pero se enseña casi todo menos el dinero.

Este es uno de los fenómenos más curiosos de la educación y también es algo sobre lo que he reflexionado bastante en relación con mi propio viaje hacia Bitcoin. Estudié economía en la Universidad Duke de Durham (Carolina del Norte). Formado clásicamente en economía keynesiana y habiendo estudiado contabilidad y finanzas corporativas, no recuerdo ningún curso o conferencia sobre economía austriaca y, sin duda, nunca aprendí nada sobre la historia del dinero. Después de graduarme, me fui a trabajar al Deutsche Bank en el grupo de Fusiones y Adquisiciones, en el departamento de altas finanzas del 60 de Wall Street, justo al lado de la Reserva Federal de Nueva York. En retrospectiva, me gusta pensar que estaba perfectamente predispuesto a rechazar la idea de que Bitcoin fuera viable como dinero, así como los principios básicos de la economía austriaca. Ambos atentaban contra todo lo que había aprendido en mis primeros años de formación, desde el mundo académico hasta mi carrera profesional, y lo que me había enseñado sobre el funcionamiento del mundo y sus incentivos.

Irónicamente o no, lo único que recuerdo, como si fuera ayer, de mis años en la universidad fue a un profesor de economía diciendo: “no te enseñamos qué pensar, te enseñamos cómo pensar”. Recuerdo que pensé que probablemente no era más que una estupidez, pero sonaba bien. Y aunque no recuerdo nada tangible que aprendiera en la universidad que me ayudara significativamente en mi carrera profesional, puede que fuera cierto después de todo. Pocos años después de empezar en el Deutsche Bank, el mundo empezó a desmoronarse. No tenía ni idea de lo que estaba pasando, pero la crisis financiera era real. Yo también estaba en primera fila. Era como estar en un circo y, aunque no entendía lo que pasaba a mi alrededor ni por qué, sabía que algo se había roto. Recuerdo haber observado desde el suelo a un grupo de los profesionales de fusiones y adquisiciones más veteranos del banco, reunidos en el despacho del jefe de grupo, discutiendo, lo que pronto llegue a saber, rescates a otros bancos (o fusiones con ellos) que condujeron a la quiebra de Lehman Brothers. Resulta realmente cómico saber ahora que el Deutsche Bank podría ser uno de los, si no el que mas, bancos mundiales con más problemas financieros y de mayor importancia sistémica.

Puede que en aquel momento no supiera “el porqué”, pero sí sabía que algo se había roto. Y siempre recordaré la imagen de los banqueros apiñados en la planta 45 del 60 Wall, en aquel momento y lugar. Sin duda se me quedó grabada casi una década después, cuando mi viaje comenzó a cerrar el círculo. En 2016, me puse en marcha para entender lo que había causado la gran crisis financiera.

Se trataba de una investigación en el marco de mi trabajo en un fondo de cobertura en Dallas, pero también fue siempre una curiosidad para mí. ¿Qué causó realmente el caos que viví una década antes, pero que no entendía, y realmente no podía entender? Más o menos al mismo tiempo y coincidiendo con esta investigación, también me pidieron que hiciera la diligencia debida en una empresa en Canadá que llevó a que mis caminos se cruzaran con Saifedean Ammous, autor de Bitcoin Standard y colaborador de esta edición de Bitcoin Times. Fueron estas búsquedas y circunstancias las que finalmente me llevaron a las puertas de Bitcoin y mi primera introducción a la economía austriaca. También me hicieron llegar a la conclusión de que lo que estaba roto era el dinero y que nada podría arreglarse realmente hasta que el propio dinero lo estuviera.

Saif me ayudó a entender qué era el dinero y cómo había evolucionado a lo largo de la historia. Aunque todavía no había escrito el Bitcoin Standard, Saif sentó las bases para que yo entendiera la economía de una forma que no me habían enseñado en la escuela. En concreto, me ayudó a entender la economía monetaria y me introdujo en la economía austriaca. Leí Camino a la servidumbre de Fredrick Hayek, la versión de Reader’s Digest publicada en torno a la Segunda Guerra Mundial, que, por cierto, estaba adaptada a un público estadounidense y era decididamente distinta de la primera edición inglesa.

Aunque los discípulos de la escuela austriaca más eruditos podrían descartar a Hayek, creyendo que había violado ciertos principios importantes, era discípulo de Ludwig Von Mises y había verdad en sus obras que me ayudaron a entender cómo funcionaba el mundo de una manera que no había recogido en mi época de estudiante de economía en la universidad. Camino a la servidumbre, que Hayek dedicó a “los socialistas de todos los partidos”, es el mejor argumento fundamental que he leído sobre por qué el colectivismo fracasa y, en última instancia, conduce a la ruina económica.

También explicaba de forma rigurosa y ordenada lógicamente por qué el socialismo conduce inevitablemente al autoritarismo y a la tiranía, y acaba igualmente en la ruina económica y humanitaria. Muchas ideas me resultaron interesantes, pero sobre todo las centradas en la función del dinero y las consecuencias del socialismo y el colectivismo para el mecanismo de fijación de precios que coordina la actividad económica. Camino a la servidumbre dejó claro lo importante que es el mecanismo de fijación de precios para una economía y por qué se rompe a medida que se centraliza el control de los recursos.
Más tarde leí otros dos libros de Hayek que me ayudaron a comprender mejor el mecanismo de fijación de precios y las consecuencias de la gestión centralizada del sistema económico: El Uso del Conocimiento en la Sociedad y La Pretensión del Saber, este último fue el texto de un discurso hecho por Hayek al recibir el Premio Nobel.

En El Uso del Conocimiento en la Sociedad, Hayek describió el mecanismo de fijación de precios como uno de los mayores triunfos de la mente humana; sólo que no fue inventado por diseño deliberado y su importancia no recibe ni de lejos la atención que debería por parte de quienes tratan de manipularlo a través del mando central, probablemente por la razón de que no fue diseñado por control consciente.

En La Pretensión del Saber, Hayek articuló la razón fundamental por la que la manipulación de la oferta monetaria crea un desequilibrio económico sostenido y un desempleo más agudo a largo plazo, al mismo tiempo que cortó de raíz la teoría keynesiana de la “demanda agregada” como objetivo para alcanzar el “pleno” empleo.

A través de estos trabajos, empecé a construir una base de conocimientos que argumentaba fundamentalmente en contra de todo lo que había aprendido en la escuela – que se construyó sobre una base que asumía que la gestión activa de la oferta monetaria y el gasto público eran un beneficio neto para la sociedad como punto de partida. Se trataba de libros de texto y académicos frente a la experiencia del mundo real y el sentido común. Si hubiera asumido que lo que había aprendido en la universidad era cierto, habría rechazado a Hayek y los principios de la economía austriaca por ingenuos. En cambio, lo cuestioné críticamente y evalué qué ideas estaban ancladas en los primeros principios y cuáles eran más ciertas basándome en mi experiencia del mundo real. Después de todo, quizá aprendí a cómo pensar en lugar de qué pensar.

A través de este proceso de aprendizaje y reflexión, empecé a entender que el precio sólo existe como fenómeno de convergencia masiva en una forma común de dinero. Y para que quede claro, no me estoy refiriendo al precio en el contexto simplista del “IPC” o del gráfico “teórico” de equilibrio de la oferta y la demanda de un único bien en economía. En su lugar, la idea de que el valor en sí mismo en forma cuantificable o cualquier sistema de precios no existiría si no fuera por una economía de mercado que converge en masa en una forma de dinero. Sin una forma común de dinero a través de la cual valorar otros bienes, no existiría el concepto de precio; en el mejor de los casos, habría relaciones de intercambio entre bienes comúnmente comercializados.

Que 10 manzanas equivalgan a 1 pollo es una relación de intercambio, no un precio. Que el precio de un pollo sea 10 $ y el de una manzana 1 $ implica la relación de intercambio, pero ¿de dónde y cómo surgieron el precio y el mecanismo de fijación de precios? El precio y un sistema de fijación de precios fue el resultado derivado de la convergencia en una única forma de dinero (es decir, el mecanismo de fijación de precios). El dinero se da por sentado en todos los manuales de economía. Sin embargo, el dinero en sí no se explica. El elemento en el que se basa todo cálculo económico es un fenómeno de profundas consecuencias y, sin embargo, nadie se pregunta realmente cómo surgió, por qué surgió o, quizá lo más importante, por qué el dinero convergió (o converge) en uno solo.

Introduzco este concepto como preámbulo a la edición austriaca de Bitcoin Times porque, en última instancia, permitió que todo lo demás relacionado con Bitcoin encajara; el mecanismo de fijación de precios y el precio como sistema fueron la clave. También me proporcionó una base para evaluar más críticamente los principios económicos que aprendí en la universidad, aceptando en última instancia la escuela austriaca, que no me enseñaron, frente a las teorías “clásicas” keynesianas y monetaristas que sí me enseñaron. La más importante de mis conclusiones podría resumirse en dos simples ocurrencias. (1) ¡Es el sistema de precios, estúpido! Y, (2) no jodas con el dinero.

Al principio, expliqué que lo más difícil de entender sobre Bitcoin tenía poco que ver con Bitcoin y todo que ver con el dinero. Hoy en día, cuando explico Bitcoin a cualquiera que esté dispuesto a escuchar, le digo que si hubiera algo que recordar sería esto: todo el valor fundamental de Bitcoin deriva del hecho de que sólo habrá 21 millones. Y, que si Bitcoin hace cumplir de forma creíble su oferta fija de 21 millones, entonces Bitcoin emergería como la moneda de reserva mundial (casi por definición).

En mi opinión, la innovación cero a uno de bitcoin es escasez finita porque representa la base del nuevo sistema monetario mundial y, en consecuencia, de su mecanismo de fijación de precios emergente. En pocas palabras, bitcoin es una forma de dinero que no puede imprimirse y que no sólo basta para crear la posibilidad de una adopción global, sino que la provocará funcionalmente.

Esta conclusión encierra dos principios económicos fundamentales. En primer lugar, existe una forma de dinero con una oferta óptima y es la que tiene la tasa de cambio más baja en términos absolutos. Una forma de dinero con una oferta fija tiene una tasa terminal de cambio (en la oferta) de cero, que es el cambio absoluto más bajo posible. Una forma de dinero que no pueda imprimirse (en absoluto) es mejor que cualquier otra forma de dinero cuya oferta sea susceptible a aumentos o disminuciones, arbitrarios o no. Aplica siempre la prueba del sentido común. ¿Preferirías que te pagaran con una forma de dinero que puede imprimirse o no? La respuesta es obvia y me parece mucho más intuitiva que el segundo principio, que es el siguiente: el dinero converge hacia un medio basándose en la naturaleza del dinero y en el propio problema que el dinero ayuda a resolver, que es; la facilitación del comercio (o intercambio), que es un problema inherentemente intersubjetivo. La evaluación de bitcoin y del dinero, más en general, sería un dilema absurdo si no fuera por este hecho.

Los seres humanos necesitan dinero para sobrevivir igual que necesitan agua para sobrevivir; de hecho, es el dinero el que coordina el comercio para suministrar agua a miles de millones de personas. El principio subyacente es que los seres humanos se benefician de la cooperación a través del comercio y que los beneficios del comercio no son de suma cero. Los beneficios del comercio son de suma positiva, pero para que el comercio, la especialización y la división del trabajo puedan escalar, el dinero como bien económico es una necesidad. Para que dos personas puedan comerciar con dinero, ambas deben haber llegado a un consenso sobre la forma de dinero que van a utilizar. En resumen, yo tendría que tener la forma de dinero que tú estuvieras dispuesto a aceptar para que pudiéramos si quiera comerciar. Es un problema intersubjetivo por esa razón y la evaluación es tanto objetiva como relativa a todas las demás formas posibles de dinero. Tampoco es una coincidencia, un sistema de creencias o una alucinación colectiva cómo llegamos (tú y yo) al consenso. Puede haber muchos elementos en la evaluación pero, inevitablemente, todo el mundo llega a la conclusión objetiva de que la mejor forma de dinero es la que es difícil de producir, siendo la más difícil de producir la que no se puede producir en absoluto (y mucho menos imprimir).

Y, si evaluamos el dilema entre dos socios comerciales cualesquiera y luego lo extendemos con un tercer socio comercial, o un cuarto o un quinto, nos daremos cuenta de que el problema es idéntico y se extiende a los ocho mil millones de personas del mundo. Todos tienen el mismo problema y todos tienen un incentivo para poseer la mejor forma de dinero. Mantener la mejor forma de dinero (o comerciar con ella) dará lugar a la mayor variedad de socios comerciales y, en última instancia, a la mayor variedad de opciones y al mayor beneficio positivo para cada individuo que posea dicha moneda.

Ahora bien, si cualquier individuo evalúa estos dos principios y llega a la conclusión de que existe un estado óptimo, que es la forma de dinero que no se puede imprimir y que el dinero converge en uno solo, es muy probable que ese individuo empiece a buscar la mejor forma de dinero porque será la que más gente acepte en el futuro. Dado que la evaluación es objetiva, la conclusión lógica e inevitable es bitcoin por la razón principal de que, en estado terminal, no puede ser producido por nadie o en absoluto. A medida que cada individuo pase por este proceso, consciente o inconscientemente, se seguirá formando un consenso emergente. Cuando se establezca una masa crítica, sólo entonces podrá surgir un sistema de precios. El precio es un resultado de la adopción de un mecanismo de fijación de precios, que es el dinero evaluado objetivamente en el mercado. Llegue a la conclusión de que un sistema de precios emerge en función del uso de una única y común forma de dinero, contempla su consecuencia y acepta que no ocurre por casualidad y tu también estarás a las puertas de la adopción de bitcoin.

Reconocer que los seres humanos no pueden concebir un mundo sin precios: la comida, la gasolina, el alquiler, el coste de una vivienda, la hipoteca, las facturas de teléfono, Internet, la salud, el agua, la electricidad, los viajes, la educación, la jubilación, etc. Es probable que cada persona haga cientos, si no miles, de cálculos económicos cada día, aunque no lo sepa conscientemente; cada coste de oportunidad y compensación económica, incluida la evaluación del tiempo mismo, está anclada al sistema de precios y al mecanismo de fijación de precios. Y no existiría el concepto de precio si la gente no hubiera convergido primero en el uso común de una única forma de dinero. Explícate a ti mismo el porqué de que tú y el 99,9% de todos los habitantes de la Tierra sólo interactúan a diario con una única forma de dinero e, inevitablemente, llegarás a comprender el profundo significado y las consecuencias del sistema de precios. También se convertirá en tu punto de anclaje sobre por qué bitcoin está emergiendo y continuará emergiendo como la única forma de dinero que todo el mundo aceptará comúnmente en el futuro.

El precio es una comunicación de preferencias y los cambios en el precio son cambios en las preferencias, cada una de ellas valorada y expresada a través del dinero, por y entre todos los integrantes de una economía, individual y colectivamente hasta el propio mecanismo del dinero y la fijación de precios. Es el resultado del sistema más complejo que se pueda imaginar. Esto no sólo me ayudó a comprender por qué el mundo converge en una única forma de dinero por razones muy necesarias y objetivas, sino que también fue lo que me ayudó a entender la forma de pensar austriaca. El contraste entre la escuela austriaca y todas las demás es que la escuela austriaca intenta explicar los incentivos y describir por qué el mundo funciona como funciona hasta los puntos de decisión individuales, en lugar de centrarse en los agregados. El sistema de precios rastrea, comunica y describe estas decisiones individuales, así como el agregado de decisiones individuales; intentar comprender e interpretar este comportamiento es suficiente para los austriacos. Por el contrario, los economistas keynesianos y otros intentan utilizar una forma de pseudociencia para predecir e influir en los resultados agregados, utilizando palancas descendentes y los propios agregados como insumos, distorsionando en última instancia el sistema de precios.

Hay una diferencia fundamental entre medir agregados y utilizar esos agregados como insumos para decisiones económicas centralizadas, como la gestión activa de la masa monetaria o usar el gasto público como palanca para alterar los ciclos económicos. Es el equivalente al error de referencia circular en Excel. Y lo que es más importante, si los precios son la comunicación de las preferencias de quienes componen la economía y poseen las habilidades para producir bienes y servicios reales, la fijación de precios y la manipulación del mecanismo de fijación de precios distorsionan y ponen en riesgo toda la base económica, al mismo tiempo que actúan en oposición directa a quienes fijan los precios (y valor) en el mercado en primer lugar.

En mi propio viaje, he llegado a la conclusión de que la manipulación centralizada del mecanismo de fijación de precios tiene consecuencias negativas, de largo alcance e imposibles de cuantificar o predecir. Imposibles por definición, ya que la complejidad del sistema de precios va mucho más allá del control consciente de cualquier individuo o grupo de individuos. Es la locura de la economía keynesiana y monetarista. Los altos grados de centralización, tanto del sistema monetario como a través de la expansión de los presupuestos gubernamentales, acaban por destruir por completo el mecanismo de fijación de precios, especialmente cuando se crean billones y billones de dólares de la nada.

Imprimir dinero deteriora el mecanismo de fijación de precios distorsionando todos los precios del mundo y no por igual; la expansión de los presupuestos públicos consolida la función de fijación de precios en cada vez menos manos y la aleja de quienes tienen habilidades y conocimientos reales en la economía real para suministrar bienes y servicios reales. Con el tiempo, los desequilibrios crecen a través de este proceso, y el mecanismo de precios se degrada hasta que se deteriora tanto que ya no es funcional para coordinar el comercio y la actividad económica, que es lo que causa la hiperinflación. Esto no significa que todas las funciones del gobierno sean necesariamente malas. Pero, sí significa en un sentido absoluto que la manipulación de la oferta monetaria, que en sí misma crea la oportunidad para la expansión sin restricciones y la centralización del gobierno, es en todos y cada uno de los sentidos extrema en su consecuencia negativa, y bitcoin elimina esa capacidad por completo.

Tras llegar a estas conclusiones, encontré un libro titulado Keynes | Hayek, The Clash That Defined Modern Economics. A estas alturas, ya había leído tanto a Hayek como a Keynes, pero no me había dado cuenta de que los dos eran contemporáneos que mantenían una correspondencia activa, desafiando las ideas del otro en tiempo real. Los había leído a cada uno por el mérito de sus ideas y no en el contexto histórico de que había un debate activo y continuo a principios y mediados del siglo XX.

La visión keynesiana se impuso, no permanentemente, pero al menos por un tiempo, y también comprendí por qué las dos visiones del mundo no podían coexistir. Cada una argumentaba funcionalmente que la otra era errónea desde el punto de vista fundacional. Así es como he llegado a explicar por qué los círculos económicos dominantes, incluyendo la totalidad de las universidades occidentales así como los bancos centrales modernos, se han convertido necesariamente en una monocultura. O puedes creer que hay un beneficio neto en manipular (o gestionar activamente) la oferta monetaria y derivadamente utilizar el gasto público, que no fue financiado, para influir en los resultados económicos (y distorsionar el mecanismo económico de fijación de precios) o simplemente no lo crees. Mientras que el debate entre Keynes y Hayek fue sólo eso, un debate, y mientras que los debates teóricos o reales entre cualquiera de los autores de esta edición austriaca de Bitcoin Times y gente como Janet Yellen, Paul Krugman o Stephanie Kelton serían lo mismo, la belleza de bitcoin es que no es un debate. Si no que, es una prueba de mercado.

Hay dos sistemas económicos que compiten entre sí. El del viejo mundo, de dólares, euros y yenes construido sobre los cimientos de la visión keynesiana. Y, el del nuevo mundo, construido sobre bitcoin y uno inherente a la visión austriaca. Ya no tenemos que recurrir al debate intelectual de quién tiene razón o no. Por primera vez, hay un cuadro de mando del mercado y todo el mundo puede elegir. Cada agente económico tiene la opción de optar voluntariamente por bitcoin o permanecer con la vieja guardia. Con el tiempo, ganará la opinión más correcta y fundada en los primeros principios. Cada persona que evalúa las preguntas sobre qué es el dinero y si bitcoin es dinero o no, está participando en esta prueba de mercado. A medida que más personas evalúen estas cuestiones y adopten bitcoin como estándar monetario, se tendrá la verdadera prueba de la historia.

Aunque la única prueba que importa al final la decidirá el mercado, son las ideas de publicaciones como ésta las que influirán en el resultado. Esta edición de Bitcoin Times cuenta con contribuciones de tres individuos que fueron formativos en mi propio viaje a bitcoin y la economía austriaca (Saifedean Ammous, Pierre Rochard y Michael Goldstein), así como tres que he llegado a conocer y respetar, aunque desde lejos, a través de sus escritos (Aleks Svetski, Konrad Graf y Rahim Taghizadegan). Colectivamente, estos colaboradores exponen casos que van desde bitcoin desafiando las normas históricas de cómo se evalúa el dinero en el mercado, hasta cómo el dinero y la preferencia temporal influyen en la acción humana, hasta cómo la experiencia a través del ensayo y error supera todo rigor académico, así como los paralelismos entre el renacimiento económico austriaco y bitcoin. Es importante destacar que los autores discuten los orígenes, la evolución y la importancia del dinero, sobre todo no para predecir el futuro sino para explicar el mundo tal y como existe y por qué bitcoin se esta convirtiendo en el consenso.

No cabe duda de que la luz se atenuó en la escuela de pensamiento austriaca en la segunda mitad del siglo XX, pero no se extinguió. Las ideas que son verdaderas nunca lo hacen. Bitcoin, como idea y herramienta, era el eslabón perdido del renacimiento austriaco y este trabajo colectivo inevitablemente despertará un renovado interés, no sólo llevando la antorcha hacia adelante sino reavivándola. En conjunto, como cada versión de Bitcoin Times, la Edición Austriaca es atemporal. La mayoría de la gente llegará a la economía austriaca a través de bitcoin y esta publicación en sí misma fomenta ese fin. Mientras que la prueba de mercado es la que importa, las ideas compartidas por estos autores resistirán la prueba del tiempo y espero que para la mayoría de los primeros adoptantes, su comprensión de bitcoin será necesariamente mas firme y reforzada por la perspectiva austriaca del mundo, especialmente las aquí expuestas.

Por último, tenemos una manera astuta de arreglar el dinero y, aunque la historia aún no se ha escrito, esto inevitablemente se recordará como una de las piezas formativas que hizo que la conexión entre la economía austriaca y bitcoin fuera más evidente para que el mundo la viera y entendiera.

Parker A. Lewis, Futuro Alcalde de Austin
Austin, Texas
Noviembre, 2022

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